Obra
China, una mirada
Del 15 de Abril al 6 de Junio de 2005 viaje a China. Mire todo lo que pude y vi lo que me atrajo.
Por eso "una mirada". Parcial, subjetiva a veces, pero real.
La calle





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La gente
















Hijos únicos


























Muchas de las fotos fueron tomadas en la ciudad de Hangchou, lugar turístico por excelencia, al que van desde todas partes del país a pasear por la costanera que bordea el lago. El resto en Beijing, en los alrededores de donde vivía.
Yo, que estaba acostumbrada a ver familias numerosas en mi país de origen, y mujeres embarazadas mostrando orgullosas las panzas, la visión del hijo único y la casi ausencia de embarazadas, fue algo que me conmocionó mucho. Al principio no me daba cuenta pero a medida que fueron pasando los días me encontré fotografiando siempre a las mujeres con sus hijos casi siempre en sus brazos.
En Beijing hay un mercado llamado Campesino donde cualquiera como yo quedaría impactado frente a la variedad de cosas que se pueden comprar. En un sector están las figuras, budas de todas formas, Maos de todos los colores y formas que podrían ser de culto, de distintos tamaños. También las tortugas y los dragones del Feng Shui. Es tan poco lo que queda de la China antigua que estas figuras que son replicas de lo que fueron, llamaron también mi atención y no pude resistir la tentación de tomar muchísimas fotografías.
Cuando me propuse esta muestra lo que pensé fue que los hijos únicos son la China del futuro y todas esas replicas de figuras tanto religiosas como políticas representan el pasado, y mostrar los contrastes es algo que me apasiona. Es la mirada de sorpresa de una occidental que se animó a ver, a mostrar lo que vio de ese mundo complejo e inabarcable.
Julie Weisz, Mayo 2006
CHINA – UNA MIRADA
Texto por lic. Maria Lucía Verdi
Julie Weisz explica en el título de esta exposición la postura discreta, cuidadosa con la cual se acercó a una china milenaria y, también bastante impenetrable: ella se acerca, y nos trasmite, sobre todo, una mirada sobre un tema específico - el hijo único, política adoptada hace casi treinta años por China, con miras a la contención demográfica.
Las fotografías de Julie Weisz son imágenes de un país que se transforma e impacta al mundo con la velocidad de su transformación, una China-laboratorio, difícilmente explicable, por más que estudiosos de todas las nacionalidades intenten hacerlo. Mao Ze Dong entre las esculturas de maderas de budas y bodisatvas, objeto entre otros objetos desacralizados o también estas mismas esculturas con el telón de fondo de los rascacielos de la China del socialismo de mercado. Divinidades budistas, taoístas, atadas con cuerdas – que nos hacen pensar en amordazamientos, pero solo son esculturas atadas al vehículo que las transporta de un mercado a otro, en busca de incansables compradores... Esculturas en cerámica del período negro de la Revolución Cultural, cult de los más deseados por los coleccionistas occidentales (irónicos? ingenuos? Insensibles? Nihilistas?) en sus búsquedas frenéticas entre la interminable memorabilia china. Las imágenes de las familias, de las generaciones, las abuelas con sus nietos o nietas, cuidándolos como si fueran piedras preciosas, alzándolos con un amor que recuerda al Jesús niño cargando en sus manos el mundo, como en el poema de Fernando Pessoa; madres de todas las clases sociales exhibiendo con orgullo al lente extranjero sus flores únicas. Las parejas de la creciente clase media china, concientes de la importancia de educar de la mejor forma a sus pequeños Emperadores, sus pequeñas Emperatrices... Abuelas y madres de algunas de las 55 minorías étnicas de la China, mujeres que pueden tener más de un hijo, privilegio a ellas concedido juiciosamente.
Son fotografías simples, despojadas, que registran el encuentro entre la mirada de un artista que es mujer, argentina, madre, y que se encaminó hacia la experiencia china a partir de su apertura hacia el otro, apertura que es producto de su vivencia amorosa, de su conocimiento profundo de la alegría y del dolor. Julie Weisz fotografió la China con conciencia desde que lugar observaba y registraba para los demás su sorpresa, su extrañeza, su encanto, ante la “diferencia” china: registrada desde el territorio de su propio cuerpo, de su historia personal, de su momento como mujer en un mundo que nos supera. Un mundo que, sea donde fuere, plantea una obsesiva e interminable pregunta.
Lic. Maria Lucía Verdi.
Mayo de 2006